Reseña de The Lehman Trilogy - Otra maravillosa interpretación de la obra ganadora del premio Olivier

Published on 10 October 2024

Recién salido de una residencia en Chicago y de vuelta para su tercera temporada en el West End, el éxito corporativo de Sam Mendes sigue siendo tan brillante y audaz como el skyline neoyorquino que representa.  

El decorado, un imponente cubo de cristal que domina el escenario de Gillian Lynne, es tan fluido como el trío de talentosos actores que bailan, trepan y se abren paso por dentro. Girando sin fin, el cubo circunavega las décadas mientras John Heffernan, Aaron Krohn y Howard W. Overshown se transforman sin esfuerzo en figuras significativas del legado de 164 años de Lehman. Un vientre hinchado y un pañuelo empapado en sudor forman al dueño de la fábrica de algodón, una espalda recta y pies cuidadosamente colocados encarnan al funambulista, Solomon Paprinsky.  

Esta es una historia sobre el valor y la realidad, pero no es una historia sobre dinero y riqueza. Los hermanos que fundaron el negocio, y las generaciones siguientes, anhelan la inmortalidad. Necesitan confirmación de que sus sacrificios valieron la pena. Que marcaron la diferencia. Que hicieron sentir orgulloso a su país natal. Que se les reconoce y se les ve desde las nubes en las que observan. Los millones de dólares que ganan están bien, pero no encuentran consuelo en su enorme fortuna cuando se dan vueltas en la cama por la noche, temerosos del futuro y de quedarse atrás. La excelente producción de Stefano Massini y Ben Power asegura que el nombre Lehman nunca será olvidado, aunque si los hermanos Henry, Mayer y Emanuel estarán orgullosos de la imagen que pinta es otra cosa completamente distinta.

La Trilogía Lehman en el Gillian Lynne Theatre 2024

Los hermanos comienzan su saga en una pequeña tienda con una puerta que se queda. Aquí venden telas; Franela, muselina y esa cosa futurista que nunca se rompe, el vaquero. Pronto se aventuran en lo desconocido, inventando títulos laborales e insertándose en negocios que antes funcionaban bastante bien sin ellos. Convirtiéndose en 'intermediarios', venden productos desde los trabajadores trabajadores hasta los gordos de la ciudad. Su negocio pasa de lo físico a lo intangible. A medida que los hermanos pierden poco a poco de vista las acciones que venden —ya no son algodón, café ni ferrocarriles de través, sino figuras en el suelo de la bolsa—, su visión para la corporación fracasa y comienza la caída. 

La producción de tres actos y tres horas de duración es una exploración trepidante y emocionante de los altibajos personales de un negocio global. Tanto si eres un amigo de las criptomonedas como si pensabas que la crisis crediticia era un nuevo tipo de cereal, esta fábula moderna de codicia y perpetuidad es una buena inversión para cualquier espectador del teatro. 

Actuando en el Gillian Lynne hasta el 5 de enero de 2025, reserva hoy tus entradas oficiales.